Confesiones Nocturnas.



28 de Diciembre de 2015.
Me siento molesta, cansada y a punto de salir corriendo a ningún lugar.
Me gusta creer que todos tenemos un puerto seguro al que llegar en momentos en que creemos naufragar, eso probablemente me hace muy tonta.

Hace algunos días perdí a alguien muy importante para mí y me siento completamente a la deriva, lo peor no es haber perdido a alguien que quería o sentirme sin salida, lo peor de todo es mirar a mi alrededor y  comprender que el mundo no se detendrá.

El tiempo no se detiene por ninguno de nosotros, no hace pausas para que filosofemos y continuemos en el camino, no nos arrulla ni nos atesora, por el contrario nos golpea, nos reta, nos hace vulnerables y nos convierte en la versión fuerte que no sabíamos que podíamos ser.

Me molesta mucho escribir sobre alguien que quiero mucho cuando ya no está, pero sé que tu recuerdo vivirá en la memoria de todos los que de alguna manera fuimos testigos de la inmensidad de tu pasión, de tu sonrisa despreocupada, tus historias inventadas, tus aventuras en carretera, de tu intento de matrimonio a una edad inapropiada, esa son cosas que hiciste inolvidables para los que te rodeábamos.

Voy a extrañar tener un lugar al que ir para llorar, reír, preocuparme, pensar en tonterías y tomar grandes decisiones. Voy a extrañar el océano de tormentas en tu mirada y la mentira que solía ser tu sonrisa.

Probablemente extrañe el silencio y la música alternativa, el ideal de una vida distinta y que entiendas que huya de la vida que a todos los demás les resulta tan atractiva.

Recordaré esa última charla que tuvimos en la que me dijiste que nos asemejábamos a las cometas y yo me reí mientras te veía fumar algo que jamás admitiré frente a los demás.

Llevaré todas tus palabras y secretos conmigo hasta el final de los tiempos y podría prometer que aprendí tanto contigo que los días aburridos recorriendo caminos desconocidos en coche serán eternos.

No he podido hablar de ti con nadie porque tal parece que todos tienen una versión diferente de ti y ninguna es tan cruda como la que tengo guardada en mi cabeza para mí.

Son las 2 am y sigo escuchando esa estúpida canción que cantabas sin parar, estoy recordando esa noche de septiembre cuando me regañaste por “dejar que alguien lastimara mi corazón”, el día en que te comprometiste en matrimonio en lo que sería una idea estúpida intentando encontrar un salvavidas para no dejarla ir, me acuerdo de aquella noche en que te conté las cosas tontas que había hecho en aquel viaje, las risas y los “estamos hartos y desesperados”. Puedo recordar todo y me siento tan molesta por la manera en que te fuiste sin decir adiós  aun sabiendo que no quiero a cualquiera y todo lo que me cuesta dejarte ir, daría casi cualquier cosa por una última conversación, un último regaño, por verte cantar en la cocina mientras presumías ser un gran chef y me servías ensalada de atún; quiero los días sencillos de vuelta hablando de tonterías, cuando no había perdido a mi papá y tú no recordabas como se veía tu mamá.

Quiero todos los días felices de vuelta…

Quiero a mi compañero de aventuras, al mejor oponente que he tenido, me encantaría verte frustrado por no saber cómo jugar ajedrez y debatiendo acerca de hierbas raras para combatir el estrés.

Ahora quiero que sepas que no te has ido por completo y que cada corazón que tocaste mientras estabas en este viaje va a recordarte, que eres como ese para siempre del que tuve miedo y que me enseñaste a ser leal y enfrentarme al espejo.

Eres el ancla que me sirvió de puerto seguro tantos años y que hoy después de mucho tiempo estoy dejando ir aun cuando sé que una parte de ti vivirá para siempre en mí.

Melanie G.

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